Si pensamos en el museo de la memoria,
solo la palabra memoria la relacionamos con el pasado. En este caso en
particular este se refiere al pasado oscuro de Chile.
La
estructura (el edificio) del lugar provoca un sentimiento neutro, el día de hoy
estuvo muy caluroso, por lo tanto este bloque de cemento irradiaba calor
sofocante. Pero a su vez el predominio de las líneas rectas crean distintos
espacios y recorridos, que van apareciendo.
La exposición
se ubicaba en un subterráneo del sitio. Para acceder se debe bajar una escalera
que da una sensación de entrar a un submundo “el underground”, el cual es
inspirado en los detenidos desaparecidos de la época del golpe militar en
Chile. Dentro del espacio de abajo encontramos una cámara de formato de cubo.
Al entrar se siente el encierro gracias a la forma y su color oscuro. Si todos
hubieran estado en silencio, probablemente la experiencia habría sido más
tétrica. A nadie le gusta estar
encerrado en la oscuridad.
La luz
se enciende, y en un principio por la cantidad de luz que emite el muro del
frente, uno se encandila, cuando el ojo logra acostumbrarse al brillo, aparecen
miles de siluetas de las personas que desaparecieron. La habitación al
prenderse la luz se vuelve infinita, ya que en los costados existen espejos que
reflejan una y otra vez todas estas siluetas iluminadas. Dando la sensación que
no solo unos pocos chilenos fueron afectados por esto sino que por todos. Todas
estas imágenes podrían ser cualquier persona, quizá hasta puedo encontrar una
parecida a mi.
Se
apaga la luz, y las siluetas no desaparecen hasta que nuevamente el ojo se acostumbra
quedando así en la memoria.




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